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CORONAVIRUS: ¿ENFERMEDAD O SÍNTOMA?

CORONAVIRUS: ¿ENFERMEDAD O SÍNTOMA?

A esta altura queda cada vez más claro que la pandemia del Covid 19 no es sólo una enfermedad sino el síntoma de algo mucho más profundo. La necesidad de encerrarnos en nuestras casas no sólo le dio la posibilidad al planeta de decantar la contaminación producida por nosotros sino deja a la vista la fragilidad del sistema global, nos permitió ver detrás del telón del poder.

Lo que se mostraba robusto, fuerte, sólido e indestructible, sólo fue una cáscara de ego que con el simple movimiento de un virus quedó con fisuras hasta los cimientos mismos del sistema en el que nos movimos hasta ahora.

Ejemplos se dan a diario. Una imagen clara de esto sucedió con la infección de marineros en dos de los poderosos portaaviones de los Estados Unidos que debieron quedar desafectados por el contagio de su tripulación, algunos pocas decenas o cientos como se habla por estas horas, da igual . La representación del poderío militar de la mayor fuerza militar del planeta quedo paralizada. Si bien es solo una muestra de lo que está sucediendo, como dice el refrán, para muestra solo hace falta un botón.

El liderazgo global, y la llamada globalización a la vista está que no es tal, quienes hoy están a la cabeza de dar respuestas a esta crisis están mostrando en su gran mayoría que van a ciegas, sin saber muy bien que hacer y cómo responder al desafío.

La globalización fue hasta ahora sólo de los que quieren que se globalice el modelo que hoy se derrumba, quienes imponen este modelo para su beneficio y no para el conjunto de la humanidad. La mirada hacia el otro fue claramente la de un enemigo y no quien puede tender una mano o sumar esfuerzos para luchar juntos en esta oportunidad de cambio de era.

¿Liderazgo, en manos de quién? Más allá de la responsabilidad de quienes por estos tiempos gobiernan, es imprescindible asimilar la enorme responsabilidad que tenemos sobre nuestros hombros.

La nueva comunicación de los últimos años, entre los hombres y mujeres, gracias a los nuevos medios conocidos como redes y sus plataformas, nos otorgaron el poder como pocas veces de conectarnos con realidades que parecían lejanas. Nuestra voz, nuestros pensamientos y sentimientos comenzaron a conectarse con lo que sentían , pensaban y buscan personas a miles de kilómetros de distancia pero también a la vuelta de la esquina.

Lo que fue un pasatiempo por estos días cobra una fuerza mayor si lo utilizamos para tomar lo que nos toca en esta responsabilidad global para dar nuestro aporte. ¿Qué rol jugamos entonces en la hasta ahora débil capa de la globalización y cómo podemos modificarla?

El mundo esta allá afuera pero también a metros de nosotros. El otro es la palabra clave y el espejo en que reflejarse. ¿Cuánto tiempo más puede la indiferencia manejar el sistema?

Mientras aún nos encontramos en medio del tsunami que significó la caída de las máscaras de lo conocido producto de una crisis generada por la falta de respuestas ante un virus, lo que está sucediendo no sólo puede repetirse sino multiplicarse.

Esto ya sea por crisis muy parecidas o por otras ya anunciadas como serán las consecuencias en el planeta producto de cambio climático, da igual si como consecuencia del accionar humano, o como un movimiento natural de la Tierra.

La realidad es que todo lo que se mostraba no fue más que una gran función de teatro que se desmoronó en solo 45 días.

¿Puedo seguir haciendo como que nada sucede? Es momento sólo de atarme mi salvavidas en medio del temporal? O como nos decían en esa otra vida cuando viajábamos en los aviones en los aviones, primero ayudemos en caso de emergencia al más pequeño y débil junto a nosotros.

La gran geopolítica, los viejos esquemas contantes de poder seguirán buscando como placas de la Tierra acomodarse en medio de este terremoto global.

No miremos lo que sucede a la distancia, somos parte de la posibilidad del cambio. Es verdad que causa temor ser parte de la trasformación pero nos quedaremos como meros espectadores y víctimas del temporal o lucharemos por lo que sentimos es lo correcto.

La respuesta a este gran interrogante ya no la buscamos en Google, la podemos escribimos nosotros, por pequeña que sea.

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