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DEMOCRACIA EN JAQUE

DEMOCRACIA EN JAQUE

 

Hace casi cuatro años cuando tuve la oportunidad de cubrir la elección presidencial que le dio la victoria a Donald Trump compartí mi preocupación por su llegada a la casa blanca. Mis temores en su momento no tenían nada que ver con posturas ideológicas del presidente numero 45 sino con lo impredecible de su personalidad y lo que esto significaba en el contexto, es decir, liderar a una de las naciones más poderosas del mundo. Peligro que vislumbraba para su propio país como para el resto de la comunidad internacional.

Lo dije en más de una oportunidad, Trump no pertenece al partido republicano, tampoco obviamente al demócrata, Trump tiene su propio partido, Trump. Tanto la  estructura democrática como la de un partido dentro del esquema democrático estadounidense es lo que le posibilitó lograr su primer objetivo, alcanzar el poder.

Ante esta realidad, al menos así lo veo yo, en estos días debemos preguntarnos ¿que está en juego? ¿Son las elecciones presidenciales? Mucho más que eso.

Trump uso el sistema democrático para hacerse del poder y dejó a la vista que es capaz de utilizar otros medios para seguir manteniéndolo si el esquema democrático estadounidense no sirve a sus propósitos.

Hace años vengo advirtiendo sobre la debilidad institucional a nivel mundial, y la tan promocionada democracia perfecta no está fuera ahora de esa nueva realidad global, algo que se da en distintas formas en los países que aún se rigen por algún tipo de esquema representativo y del voto popular.

El “personaje Trump” dijo tantas cosas fuera de lo establecido en la política de su país, rompió tantas veces el molde de lo considerado correcto y ético que ya parece no llamar la atención su último slogan de campaña,  poner en duda el proceso electoral.

En el primer debate entre los candidatos presidenciales, o debería decir, no debate, ya que el presidente –candidato, no dejó literalmente hablar a su contrincante, ya que lo interrumpió durante la hora y media del encuentro, rompiendo las reglas que ambos habían pactado, volvió a repetir su explosivo mantra.

La votación será un fraude en su contra, la votación por correo y de votos anticipados es un fraude. No reconocerá el resultado si no es una elección justa, para rematar advirtiendo que “esto no va a terminar bien”.

Esta frase en un contexto cada vez más explosivo por el enfrentamiento entre quienes votarán por el presidente como quienes lo harán en su contra ( no significa a favor de Biden) nos lleva a que debamos plantearnos un escenario de mayor tensión luego del resultado electoral si el presidente no logra los 270 votos electorales y así su reelección.

Incluso la muerte de una integrante de la corte, contraria a los posibles planteamientos del presidente ante esa máxima instancia judicial, dio lugar para que Trump nombre antes de la votación a una jueza que ideológicamente podría acompañar al mandatario en sus reclamos.

Ante escenarios de enfrentamientos cada vez más acalorados en la calle, incluso con armas de fuego y muertos de por medio, ¿cómo verían los seguidores del núcleo duro si Trump no gana y decide no reconocer el resultado? como amenaza por estos días de forma constante. También debemos preguntarnos ¿cómo actuarán sus contrincantes?.

¿Es exagerado pensar en una situación de tal tensión? ¿Es sólo parte de la campaña del presidente? Una vez que se conozca la votación, si pierde ¿Trump llamará a Biden para felicitarlo?.

Si en este momento surgen tantas preguntas es porque el presidente/candidato es quien inundó el proceso democrático de su país con inquietantes preguntas.

¿Quién ganó el debate?, esa era una pregunta común en el sistema democrático estadounidense antes de Trump, ya no tiene importancia, hay mucho más en juego.

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