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EL FRACASO DE LA GLOBALIZACIÓN

EL FRACASO DE LA GLOBALIZACIÓN

¿Cómo llegamos a este punto? Me hago esta pregunta y se me viene una imagen, la del principito en su planeta, pequeño, y en soledad. Siempre fue una imagen que me generó una sensación de abismo y tristeza. Esa es la imagen que me viene a la cabeza a la hora de compartir esta pregunta.

¿Será esa la verdadera imagen de la globalización? Un mundo que nos dicen está a nuestro alcance pero que en realidad es pequeño y en el que estamos solos?

Desde hace años insisto que la tan promocionada globalización, expande en su mayor parte lo negativo, si bien creo que tenemos la posibilidad de dar vuelta esta realidad, esa promesa de un mundo para todos quedó en promesa de campaña para cientos de millones de personas.

Pocas veces como en esta crisis internacional, la llamada comunidad internacional, la globalización, esa oportunidad inmensa de llevar con nuestra mano a tener contacto con el otro a miles de kilómetros de distancia quedó al desnudo.

Lejos de usar el avance tecnológico con todo lo positivo que esto trae y la intercomunicación para COMPARTIR soluciones, recurrimos a cerrarnos fronteras para adentro, robándonos las pequeñas respuestas y recursos, como únicas armas ante este desafío, llamado hoy Covid19.

Este era el gran examen y la respuesta, hasta el momento fue un rotundo fracaso, liderado por el egoísmo lo que provocó falta de liderazgo mundial.

Desde que comenzó esta película en la que todos somos actores de reparto, me pregunto qué nación se está favoreciendo con esta crisis y creo con el correr del tiempo no veo un ganador. Si puede que unos pocos hagan un negocio millonario pero quiero ir más allá.

La crisis no es por el momento a nivel de salud, sino cultural. La tarima con varios estantes donde están expuestos los premios de esta sociedad global se desplomó. Todos esos lindos cristales, que representaban los valores sobre los que estaba cimentada esta sociedad se hicieron añicos.

Fue ahí que nos dimos cuenta que no eran nada, sólo pedazos de cristales. Progreso, economía global, instituciones internacionales, cooperación internacional, acuerdos comerciales, alianzas etc, etc, etc. A la hora de mostrar respuesta y sacar los premios para ponerlos en acción y demonstrar todo lo que se había logrado, nada funcionó. Los paracaídas no se abrieron y fue el “sálvese quien pueda.

Como en la película Matrix se cayó el telón para dejar a la vista un mundo vacío, destruido y para quienes quieran verlo un mundo muy diferente al que nos mostraron y nos hicieron creer es al que pertenecemos.

Durante años unos pocos cientos de millones de habitantes de este planeta, los que por ahora tuvimos y tenemos la comodidad de prender la luz en una habitación con un simple click o tener agua potable con solo abrir una canilla y venerábamos al Dios GOOGLE como el poseedor de todas las respuestas vemos que esto ya no es así. Y eso genera temor para el que no hay vacuna externa.

Un virus, un enemigo al que ni siquiera podemos ver a la cara, nos hizo arrodillarnos como en la época de la peste negra, y nos lleva a hacer lo que los seres humanos sólo podíamos hacer hace un par de siglos atrás, escondernos en nuestras casas, esperando que no toquen a nuestra puerta.

Después de tantos progresos, la falta de liderazgo nos llevó a la peor crisis de las últimas décadas, quizás algo que no se vio ni siquiera en los últimos conflictos globales. Ya que el enemigo estaba a la vista e incluso si bien en algunas regiones del mundo, la muerte y la destrucción generaban millones de víctimas en otras partes la vida continuaba con otra intensidad muy diferente.

En esta “guerra” como les gusta denominar a muchos gobiernos a este nuevo desafío, la respuesta fue no mirar al vecino sino cerrar las puertas y a ciegas buscar una respuesta que lejos está en ser una vacuna.

La crisis no es sólo de sanidad global, la paralización global no se da por la pandemia sino por el temor que genera no tener respuesta y ver que lo que creíamos tenia valor en realidad es parte de un sistema que le falló a esos millones de personas que quisimos vivir en la ilusión. Otros miles de millones de personas ni siquiera pudieron soñar aspirar a esto, el sistema siempre los excluyó.

Siempre supimos que nada era seguro, sabíamos que si todos al mismo tiempo íbamos a buscar nuestros depósitos no había banco ni sistema que pudiera darnos una respuesta.

El desafió esta todavía ante nosotros, esperando una respuesta, la oportunidad está sobre la mesa.

Poner en marcha lo mejor de lo que nos dejaron estos años aún es posible. ¿Pero que tanto estamos dispuestos a salir de nuestra zona de confort?

Quizás no hay que olvidar que como el baile alrededor de las sillas, nadie tiene un lugar asegurado.

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